La discusión en la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, de los problemas suscitados por la reconstrucción del hospital Dr. Gustavo Fricke, de Viña del Mar, entrega, una vez más, las claves para entender lo que está pasando en salud en Chile, como consecuencia de una reforma en salud que de reforma sólo tiene el nombre, y que nunca – lo advertimos en su momento – tuvo como objetivo mejorar la salud de la población.
Su objetivo era incluso menos que financiero, porque era el de acotar el gasto fiscal en una actividad considerada como no rentable por los rentistas del gran capital. De allí las mejorías de la gestión, la relación costo-beneficio, los tratamientos pautados, los hospitales gerenciados, los hospitales sin camas, el congelamiento de las plantas y las externalizaciones que terminaron por subastar lotes de pacientes al menor postor.
Al inicio de las medidas que fueron introduciendo subrepticiamente las bases de esta reforma meramente financiera exigida por el Banco Mundial, desde el Colegio Médico y desde las bases de la Fenats, hicimos el análisis teórico que prefiguraba este presente, cuya práctica lo confirma fuera ya de toda duda.
Y si estos deplorables resultados se ven ahora, tardíamente, es sólo por el llamado efecto bicicleta de algunos indicadores de salud, que, como la bicicleta, siguen rodando un tiempo después de dejar de pedalear, pero que, como todo efecto, desaparece al desaparecer la causa. También se sabe que la mayor parte de los indicadores de salud no dependen mayormente de los sistemas de atención, porque son dependientes de otros factores de orden más general, como lo son los que determinan el nivel de vida.
Pero, como suele suceder, la realidad ha superado a la fantasía: el impacto de suspender las atenciones a todas las patologías “no AUGE”, suficientemente fundamentado por el Dr Reyes porque la capacidad instalada se agota en las AUGE, ha ido más allá de nuestros peores temores. Una vez más, la prepotencia de desconocer la realidad, de omitir olímpicamente la realimentación, la mirada juiciosa de los efectos de nuestras intervenciones en el medio, abofetea a los imprudentes.
La teoría es hija de la práctica, así como la práctica se vuelve hija de la teoría, en un círculo virtuoso de perfeccionamiento, no en un círculo vicioso de problemas y de estancamiento, como el que se está viviendo, entre otros, también en el sector salud.
El alegato de los representantes de Gobierno que aseguraron que la “descentralización” del país aseguraba que las cosas se podían hacer bien o mal de acuerdo a los gobiernos locales no da respuesta a una realidad demasiado evidente y repetida sistemáticamente en diversas instituciones del sistema público, sean estas la Asistencia Pública, los hospitales San José, El Pino, Félix Bulnes, el de Iquique, el sin camas de no recuerdo donde y finalmente, el Gustavo Fricke, que no admiten explicaciones, sino soluciones y urgentes.
Llevar adelante una Reforma sectorial que no considera el recurso humano ni para su elaboración ni para su funcionamiento es posible porque en este país, campeón de la discriminación, bastan los cerebros que se autoconsideran privilegiados, los lagos, los sandovales y los massad, que nos alumbraron el camino con una vela, mirando con desprecio a quienes desconocíamos los grandes acuerdos del capital internacional, la diferencia entre selectividad y universalidad de las prestaciones, los “paquetes mínimos de salud” adecuados a la pobreza de cada país, el mix público privado, las asimetrías de algunos mercados, los costos de oportunidad y toda una elaboración conceptual que se transforma finalmente en una verdadera agenda oculta que subvierte los valores de la solidaridad para alcanzar el objetivo final: subordinar lo social a lo económico.
Los conceptos propios de la verdadera administración de salud, desarrollados por Chile en momentos de lucidez académica y social, como la pirámide de niveles de atención, los mecanismos de referencia de pacientes, la coordinación entre niveles, el trabajo multisectorial, los sistemas solidarios de financiamiento de las prestaciones, la educación para la salud, la formación racional de especialistas, por nombrar sólo algunos de ellos, están absolutamente ausentes en el actual modelo, que más que modelo, es un verdadero espantajo.
La olla de brujas donde hierven los conceptos del Banco Mundial y de la Organización Mundial del Comercio, los pitutos políticos que se distribuyen, como la mafia, las parcelas de los Servicios de Salud, la corrupción administrativa, las “mochilas” y los concursos brujos, el abuso de poder de las autoridades, el lucro del sistema privado, los intereses de los gremios, revuelto todo por ese silviano señor rudimentario de la economía, emite ya vapores demasiado pestilentes.
Su objetivo era incluso menos que financiero, porque era el de acotar el gasto fiscal en una actividad considerada como no rentable por los rentistas del gran capital. De allí las mejorías de la gestión, la relación costo-beneficio, los tratamientos pautados, los hospitales gerenciados, los hospitales sin camas, el congelamiento de las plantas y las externalizaciones que terminaron por subastar lotes de pacientes al menor postor.
Al inicio de las medidas que fueron introduciendo subrepticiamente las bases de esta reforma meramente financiera exigida por el Banco Mundial, desde el Colegio Médico y desde las bases de la Fenats, hicimos el análisis teórico que prefiguraba este presente, cuya práctica lo confirma fuera ya de toda duda.
Y si estos deplorables resultados se ven ahora, tardíamente, es sólo por el llamado efecto bicicleta de algunos indicadores de salud, que, como la bicicleta, siguen rodando un tiempo después de dejar de pedalear, pero que, como todo efecto, desaparece al desaparecer la causa. También se sabe que la mayor parte de los indicadores de salud no dependen mayormente de los sistemas de atención, porque son dependientes de otros factores de orden más general, como lo son los que determinan el nivel de vida.
Pero, como suele suceder, la realidad ha superado a la fantasía: el impacto de suspender las atenciones a todas las patologías “no AUGE”, suficientemente fundamentado por el Dr Reyes porque la capacidad instalada se agota en las AUGE, ha ido más allá de nuestros peores temores. Una vez más, la prepotencia de desconocer la realidad, de omitir olímpicamente la realimentación, la mirada juiciosa de los efectos de nuestras intervenciones en el medio, abofetea a los imprudentes.
La teoría es hija de la práctica, así como la práctica se vuelve hija de la teoría, en un círculo virtuoso de perfeccionamiento, no en un círculo vicioso de problemas y de estancamiento, como el que se está viviendo, entre otros, también en el sector salud.
El alegato de los representantes de Gobierno que aseguraron que la “descentralización” del país aseguraba que las cosas se podían hacer bien o mal de acuerdo a los gobiernos locales no da respuesta a una realidad demasiado evidente y repetida sistemáticamente en diversas instituciones del sistema público, sean estas la Asistencia Pública, los hospitales San José, El Pino, Félix Bulnes, el de Iquique, el sin camas de no recuerdo donde y finalmente, el Gustavo Fricke, que no admiten explicaciones, sino soluciones y urgentes.
Llevar adelante una Reforma sectorial que no considera el recurso humano ni para su elaboración ni para su funcionamiento es posible porque en este país, campeón de la discriminación, bastan los cerebros que se autoconsideran privilegiados, los lagos, los sandovales y los massad, que nos alumbraron el camino con una vela, mirando con desprecio a quienes desconocíamos los grandes acuerdos del capital internacional, la diferencia entre selectividad y universalidad de las prestaciones, los “paquetes mínimos de salud” adecuados a la pobreza de cada país, el mix público privado, las asimetrías de algunos mercados, los costos de oportunidad y toda una elaboración conceptual que se transforma finalmente en una verdadera agenda oculta que subvierte los valores de la solidaridad para alcanzar el objetivo final: subordinar lo social a lo económico.
Los conceptos propios de la verdadera administración de salud, desarrollados por Chile en momentos de lucidez académica y social, como la pirámide de niveles de atención, los mecanismos de referencia de pacientes, la coordinación entre niveles, el trabajo multisectorial, los sistemas solidarios de financiamiento de las prestaciones, la educación para la salud, la formación racional de especialistas, por nombrar sólo algunos de ellos, están absolutamente ausentes en el actual modelo, que más que modelo, es un verdadero espantajo.
La olla de brujas donde hierven los conceptos del Banco Mundial y de la Organización Mundial del Comercio, los pitutos políticos que se distribuyen, como la mafia, las parcelas de los Servicios de Salud, la corrupción administrativa, las “mochilas” y los concursos brujos, el abuso de poder de las autoridades, el lucro del sistema privado, los intereses de los gremios, revuelto todo por ese silviano señor rudimentario de la economía, emite ya vapores demasiado pestilentes.
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