La Presidenta de Chile, ante la inminencia de una nueva asonada callejera de los pinguinos ante los problemas del transantiago, anunció la derogación de la Ley Organica de la Educación. Numerosas y sabrosas conclusiones se pueden obtener de esta expresión angustiosa de la mandataria. Aquí van algunas de ellas, las más obvias.
La primera es que la LOCE no se puede derogar, porque significaría dejar a la educación sin ley orgánica, lo que, aparte de ser un absurdo, es inconstitucional. Lo que habría correspondido era haber anunciado la reforma de la ley... si es que esa reforma pudiera resolver el problema, lo que no es tan así.
La segunda observación, que es continuación de la anterior, es que lo que se requiere en Chile ES UNA REFORMA CONSTITUCIONAL, que derogue el numeral 21º del artículo 19º, que subyuga al Estado a los empresarios, legado infame del señor Guzmán que, a punta de rezos, escapularios y cilicios, ha generado una de las peores distribuciones del mundo de la riqueza, que en Chile no es poca, sino mucha. Si no, que lo desmientan los señores angelín, piñera, lucksick, y otros cientos de forbesianos que prefieren el anonimato a la fama.
La tercera conclusión es una evidencia, una pregunta, una inconsecuencia, algo aparentemente irracional... pero de una racionalidad impecable. Todos recordamos las conclusiones de la comisión de hombres buenos que decidió el futuro de la educación en Chile. Recordamos que los verdaderos protagonistas, los estudiantes y los profesores, se retiraron a poco andar, porque comprobaron sus aprensiones del gatopardismo de siempre: que todo iba a cambiar para quedar como siempre. Bendita mentalidad incontaminada, aún, de los pinguinos.
¿De dónde saca entonces la Presidenta la necesidad de derogar la LOCE, si esa no fue la propuesta de la comisión? Es evidente, y eso es lo más descalificante, que, como todos los chilenos preocupados en el tema, ella supo, desde siempre que la cosa iba por ahí y no por la cosmética de la comisión.
¿Era necesario apuntarla con una pistola para que reconociera que los pinguinos sí le habían quebrado la mano? De acuerdo a la norma legal, reconocer los hechos bajo presión, amenaza o interés personal no se constituye en atenuante de la responsabilidad.
Lo extraordinario es que nadie, que yo sepa, ha dicho palabra alguna al respecto. Se podría aventurar que algunos no entendieron, a otros no les interesa el tema, a otros les interesa pero creen que expresarse es una pérdida de tiempo, otros estarán apitutados, en fin... Alguien ha dicho que esto es "el peso de la noche", el legado de los gobiernos autoritarios explicitos o implícitos, el peso de la incultura cívica que nos corroe, y que es amorosamente cultivada por la elites gobernantes para eternizar su gobernanza. Y todo parece darles razón.
Vuelvo al sur, 2007
No hay comentarios:
Publicar un comentario