sábado, 10 de octubre de 2009

Salubristas de verdad



Trabajando con datos oficiales, del Ministerio de Salud, de la Superintendencia y del Fonasa, el Doctor Manuel Ipinza, de larga y respetable trayectoria en la Salud Pública y en la Administración de Salud, entregó, en fecha reciente en la Comisión respectiva de la Cámara de Diputados un diagnóstico realmente preocupante del sistema de salud chileno.

Su intervención ha demostrado, más allá de toda duda, el desastre administrativo y financiero en el que ha sido sumido nuestro sistema de salud, producto de la intervención de las mentes brillantes, que se suponía que nada sabían de salud, pero que darían muestras de conocimientos en economía que terminarían por convencer a las mentes obtusas de los médicos, a quienes "habría que repetir una y otra vez los conceptos de la economía en salud, hasta que entendieran", publicado en el mercurio en una fecha y por un fulano del banco mundial que da lata recordar.

Si se quisieran resumir las ideas centrales de su análisis, de lo que recuerdo, bastarían tres o cuatro observaciones: la primera es que no hay plan de salud; la segunda, que el sistema está financiado sin necesidad de recurrirr a los excedentes del cobre que vegetan en bancos offshore; la tercera, que los especialistas necesarios están disponibles y la cuarta, que el dinero y los especialistas se van al sistema privado por un enorme forado: el dinero al lucro y los especialistas a la explotación. Un análisis maestro que categoriza y da una coherencia imposible de desvirtuar porque se basa en los hechos y en relaciones de causalidad indiscutibles.

Las pruebas, al canto: por concepto de Medicina de Libre Elección (MLE), el sistema público traspasa al sistema privado la friolera de 347 mil millones de pesos, que equivalen nada menos que al 35% del presupuesto público del sector. Según el Fonasa, solamente el 10% de los prestadores privados se apropian del 74%, y el primero de ellos es la Pontificia Universidad Católica, es decir, que no se distribuye en las miles de pequeñas consultas particulares diseminadas en el territorio sino que se concentra en los prestadores institucionales.

La propuesta hecha por el equipo de trabajo del Dr. Ipinza al gobierno, para reforzar el sistema público y resolver sus problemas actuales, que se financia con 30 mil millones de pesos, necesarios para contratar mil especialistas en los hospitales y 10 mil millones para cubrir las necesidades de internistas, siquiatras, pediatras y ginecoobstetras de media jornada en los consultorios, ha sido acogida tímidamente por la doctora presidenta, anunciando la contratación de 500 especialistas, en el mensaje anual reciente.

La pregunta no es del millón, es la de los 307 mil millones restantes, que se ahorrarían al gastarlos al interior del sistema público, su destino original. No estaría mal destinarlos al recurso humano, el equipo de salud único responsable de los buenos indicadores que aún se mantienen a pesar de la ineptitud y la irresponsabilidad de los que dirigen el sistema al colapso. Esa es por lo menos la opinión del Dr. Ipinza, que teme que estemos ya en un punto de no retorno. Los estudios demuestran que las pésimas condiciones de trabajo generan burnout y patologías derivadas del stress que están agobiando a los funcionarios.

En el año 1995, el 53% de las consultas eran brindadas por el sistema público, el 2006 sólo alcanzan al 36%. De las cuatro consultas anuales percápita requeridas, se recibe sólo una. El aumento explosivo de las consultas de urgencia originadas en la ineficiencia de los consultorios consumen, con creces, lo que se requiere para mejorar la atención.... en los mismos consultorios. Un círculo vicioso de antología que no es captado por la doctora ministra ni por la doctora presidenta.

Fue un verdadero placer escuchar, después de tantos años, a un verdadero salubrista explicando con sencillez y profundidad, los problemas existentes y las soluciones requerida en el sector salud, tan lejano al lenguaje artificioso y superficial de los economistas, que, como alguna vez motejé al Sr. Massad, punta de lanza del banco mundial y de la organización mundial del comercio en la salud en Chile, son como elefantes en una cristalería: cada vez que se mueven rompen algo.

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