miércoles, 7 de octubre de 2009

Hipocritas chilensis


Foxley pide a Venezuela respetar "la diversidad"


"Lo que tenemos que decirle a algunos países, que no parecen estar acostumbrados al respecto, es que hay que aceptar siempre el principio de la diversidad".

Así se refiriró esta mañana el ministro de Relaciones Exteriores, Alejandro Foxley, al justificar la decisión de Chile de responder a Venezuela con dos cartas por las dos polémicas recientes que han escalado a niveles diplomáticos.

¿Qué entenderá nuestro representante por diversidad, que tan dispuesto está a dar lecciones sobre ella a algunos países?

Porque si es nuestra diversidad, es una vergüenza, porque la nuestra es la diversidad de ricos y pobres, de blancos e indígenas, de explotadores y explotados, de hambrientos y satisfechos, de torturadores y torturados, de ladrones y expoliados, porque no hay diversidad alguna entre la alianza y la concertación respecto del sistema binominal, del sistema de salud, del sistema educacional, de la concentración brutal de la riqueza, de la corrupción, de la ingerencia norteamericana en nuestros asuntos internos.

Si la nuestra es una diversidad que escucha a los pingüinos, a los profesores, a los trabajadores de la salud, es una diversidad hipócrita porque a la hora final, no los toma en cuenta y todo sigue igual.

Pero no sólo fallan los aspectos morales de nuestros representantes, también la memoria reciente, porque olvidaron que aplaudieron de pié el golpe de Estado que derrocó a Chávez durante veinticuatro horas, porque eso demoraron los cientos de miles de venezolanos que salieron a las calles y rodearon el palacio de Miraflores hasta disfrutar el descenso del helicóptero que traía de vuelta a su líder. Eso es diversidad, decirle a los sinvergüenzas que son sinvergüenzas, a los norteamericanos de mierda, que son gringos de mierda y que se vayan al carajo.

También les falla, convenientemente, la memoria, cuando olvidan su reacción escandalizada cuando Chávez dijo lo que todos sabemos de ciertos monos porfiados que en estos días están cayendo como palitroques y que amenazan de muerte, anónimamente por cierto, a la jueza que los pone en el lugar que merecen.

Por cierto, los representantes del país, más aún los cancilleres, pueden tener opiniones personales, pero para su propio coleto, porque si las expresan públicamente y estando en funciones, son ministeriales. Afirmar lo contrario no se llama diversidad, se llama doble standard o hipocresía, es decir fingimiento de honestidad cuando se es deshonesto.

Pero lo que más sorprende, es la facies impertérrita de un designado a dedo, parado en una baldosa resbalosa, cuando reprende a un verdadero personaje del mundo actual, electo en las urnas y en las calles, y que como todos ellos, es amado por las mayorías y odiado por las minorías, como queda de manifiesto.

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