Cuando veo la brecha, tenebrosa a estas alturas, del rendimiento intelectual entre la educación pagada y la fiscal, no puedo dejar de recordar mi curso del sexto año de humanidades del Liceo 6 de San Miguel, de hace sólo cincuenta años atrás, un liceo que ahora se llamaría una "escuela de número", con la sorna tan chilena del decir sin decir, y lo recuerdo porque casi la totalidad de los condiscípulos de ese curso nos transformamos en profesionales y técnicos.
De entre nosotros salió un ingeniero de la Nasa, un economista de la Cepal, un sociólogo, un par de médicos, un kinesiólogo, un dueño de restorán coleccionista y mecenas de pintores pobres, varios profesores escritores y poetas, que si hubieran vivido su juventud en la actualidad, salvo contadas excepciones, andaríamos pateando las piedras, como los Prisioneros, estudiantes también del Liceo 6, algunos años más tarde.
Tal diversidad es sólo explicable en la educación como factor primordial, en la formación de estudio, de responsabilidad que los viejos maestros, que la mayor parte lo eran, supieron transmitir mediante una docencia hoy obsoleta, a pesar de su eficacia, y eficiencia, sin duda.
No cabe otra conclusión que, quienes han conducido el país en este último medio siglo han sido, pese a su educación, una especie cavernaria, aunque lo más probable es que los cavernícolas hayan sido más solidarios, en el apremio de la supervivencia.
Los intelectuales de la derecha deberían meterse la lengua donde no se moviera, dejar tranquilas las manos, las computadoras, las prensas offset y las reuniones en casapiedra - la verdadera moneda chilena - ¡qué sarcasmo de la historia y del lenguaje, en la casa de la moneda ha gobernado la plutocracia, en la casa de piedra los cavernícolas!, porque toda su teoría ha ido al tacho de la basura.
Su gran dios, la economía, la madre de todas las ciencias según los más ensoberbecidos, ha dejado en la cuerera a todos los que obligada o voluntariamente, se subieron al carro, que requiere, además del pasaje de subida, un pasaje de bajada, y si no, que lo digan los gobernantes que, ante estas crisis, traspasan los fondos soberanos, los fondos fiscales a las grandes empresas y no a los trabajadores, doblemente estafados en esta martingala. Y sin pasaje de bajada, la caída es dura.
Es el tonto billete el que siempre ha movido los hilos mediante los testaferros, los palos blancos, la clase política que ahora ya no distingue entre derecha o izquierda. porque es inconducente salvo en el discurso público dirigido a una masa inculta, lo demuestra la PSU y la mala educación generalizada que se observa en la convivencia. ¿Qué diferencia sustancial podrá existir entre los actuales candidatos, añejos, repetidos, cuya única controversia es quién tiene menos plata, mientras la constitución protege la propiedad con dientes y muelas y los bancos el secreto bancario bajo siete llaves?
¿Quiénes son los culpables de este verdadero desastre social y humano? Entre otros muchos, los mismos que buscan la paz ciudadana mediante la represión, cuando nunca, nunca, en la perra vida, la represión ha sido preventiva del delito. Quien lo afirme no ha tomado un solo libro de historia ni que decir de criminología, y si los ha tomado y leído, y entendido, es simplemente un inmoral. Los colgamientos ejemplares en la plaza pública, los descuartizamientos con caballos, el garrote vil y los quemados en la hoguera nunca consiguieron otra cosa que las apuestas entre el público, ávido de emociones fuertes, y sólo por eso no persisten hasta nuestros días.
Perseguir delincuentes que son víctimas a la vez, porque son el resultado de una sociedad increíblemente falta de oportunidades, es más rentable y permite desviar la mirada de los verdaderos delincuentes de cuello blanco, los padrinos que no se ensucian las manos al meterse al bolsillo 540 mil millones de pesos del erario nacional, en el gobierno democrático solamente, que son una parte muy menor de los que producen el verdadero y gravísimo daño social, el círculo de desnutrición e incultura que no muestra signos de parar.
Por lo menos respecto del sexto de humanidades del Liceo 6 de San Miguel, de hace cincuenta años, se puede afirmar que todo tiempo pasado fue mejor.
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